lunes, 13 de octubre de 2008

Esquiva primavera

Ya que tan esquiva estás, Primavera,
te llamo, incansablemente, te llamo,
déjate de jugar con el viento y la lluvia,
¿hasta cuando te entregas al placer del hielo?
Asómate a mi ventana,
te espero ansiosa para darte una gran bienvenida,
como te mereces,
una bienvenida con flores y sol.
Te invoco, impaciente,
déjame ver tus colores y tus aromas impregnantes,
sácame de la oscuridad que nubla mi pensar,
quédate conmigo, no quieras irte,
te seduciré hasta saberte mía.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Deseo de cosas imposibles


Quisiera salir ahora de aquí,
caminar sin rumbo por el medio de la calle,
atabiada sólo con la simpleza de mi piel
y mis ojos volados vueltos hacia mi.

Quisiera descender a las alturas de esos ojos,
que me vieran transparente en medio de la noche,
sumergida en un manto de blancura indeleble,
untando un manojo de verdades.

Quisiera sumergirme en la tibieza de la nieve,
adular los bochornos de las madres,
anulando la blancura de la ciencia
y escapando de la bajeza establecida.

Quisiera, finalmente, succionar el frescor de las brasas sofocantes,
apañando la llegada intrépida de la madrugada,
escondida en la solapa de mis últimos temores,
formando un castillo de ilusiones,
en el último escalón de mi humillación

martes, 7 de octubre de 2008

24 maneras de amar


24 PEQUEÑAS MANERAS DE AMAR

1.- Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.
2.- Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.
3.- Pensar por principio bien de todo el mundo.
4.- Tener la manía de hacer el bien sobre todo a los que no se la
merecerían teóricamente.
5.- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas.
6.- Multiplicar el saludo incluso a los semi conocidos.
7.- Visitar a los enfermos, sobre todo si son crónicos.
8.- Prestar libros, aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú, es un
compromiso.
9.- Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.
10.- Olvidar ofensas y sonreír especialmente a los ofensores.
11.- Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos.
12.- Tratar con antipáticos, conversar con los sordos sin ponerte nervioso.
13.- Contestar si te es posible, a todas las cartas.
14.- Entretener a los niños. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.
15.- Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, subrayar todo lo
positivo que encuentres en ellos.
16.- Recordar las fechas importantes (cumpleaños, aniversarios) de los
conocidos y amigos.
17.- Hacer regalos muy pequeños que demuestren el cariño pero no crean
obligación de ser compensados con otro regalo.
18.- Acudir puntualmente a las citas aunque tengas que esperar tú.
19.- Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos.
20.- Dar buenas noticias.
21.- No contradecir a todos los que hablan con nosotros.
22.- Exponer nuestras razones en las discusiones pero sin tratar de aplastar.
23.- Mandar con tono suave. No gritar nunca.
24.- Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo. La lista podría
ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable.
Optimismo, por sobre todas las cosas, no dejarse abatir por las malas rachas, que están a la orden del día, cuando ocurra, recuerden estos pasos y al menos una sonrisa se esbozará en su cara.
(Tomado de algún sitio de la web, de algún sitio donde la simpleza es su grandeza)

viernes, 3 de octubre de 2008

Costumbre


Me estoy acostumbrando a estar sola. Llevo 5 días durmiendo sola. El primer día amanecí llorando de pena e impotencia, el segundo no podía quedarme dormida, el tercero nuevamente amanecí llorando, ya el cuarto pude dormir y el quinto dormí como un lirón, ni siquiera noté que estaba sola.

¡¡¡A mover el culo, a mover el culo!!!

Hoy tuve mi primera clase de yoga, una compañera, que lleva años practicando esta disciplina tan mística, ofreció hacernos una clase los días viernes a la 1 de la tarde, antes de almuerzo. Así es que dije... ¡¡ya poh!!
Busqué en mis cosas algo de ropa que se pudiera adecuar para realizar esta actividad física, me encontré con un bolso lleno de ropa deportiva que usaba en los tiempos que iba todos los días al gimnasio, me senté en la cama con el bolso en las piernas y recordé aquella época, era una fanática del deporte, no podía estar un día sin gimnasia, sino iba al gimnasio lo hacía en mi casa. Hacía tae-kwon-do, spinning, aerobox, tae-bo, flamenco, salsa, etc. etc. etc... También recordé el por qué dejé de hacerlo, una razón fue la bendita operación, me indicó el médico que no podía hacer deportes por lo menos en 8 meses, claro que se me pasó la mano, van 3 años casi. La otra fue la relación que comencé con mi actual pareja, me absorvía todo el tiempo, no fui capaz de hacérmelo para ir, bueno, dentro de muchas otras cosas que dejé de hacer... como escribir en mi blog, por ejemplo.

¡¡¡Es tan fácil sendentarizarse!!! y después cuesta tanto retomar el ritmo, recuerdo que era tan flexible que podía poner mis piés afirmando mi cabeza por atrás, abrirme de piernas, tocarme con la rodilla la nariz. Hoy comprobé que esta flexibilidad de va, apenas pude doblarme. Lo bueno fue que me motivó para hacerlo en mi casa, espero ahora sí, poder hacerlo, quedé muy entusiasmada, quizás cómo amaneceré mañana de adolorida, pero no importa, eso me alentará a seguir haciéndolo, es la única manera de que no te duelan los músculos, seguir y seguir...

martes, 30 de septiembre de 2008

El Hospital


Martes, 11 de la mañana, me llevan a pabellón, voy relajada y confiada de las manos de mi doc. Me atiende un anestesista hermoso, conversamos sobre mis problemas alérgicos, me dice que está preparado para cualquier emergencia, no me duele nada de lo que me aplica, por primera vez la epidural ni la siento, será porque no tengo las contracciones de un parto.
Despierto... no entiendo nada, estoy en la UTI, ¿qué pasó?, otra vez hice un shock anafiláctico, o sea mi cuerpo reaccionó alérgicamente a un medicamento. Estoy llena de catéteres, bombas que invaden mis venas con químicos para mantener mi presión como corresponde.
La sala en la que me encuentro hay 4 pacientes más, una viejita que se queja toda la noche, un hombre como de mi edad traqueotomitizado, emite un sonido indescriptible, un señor obeso mórbido que tendrán que practicar una traqueotomía porque sus pulmones no resisten más un respirador artificial y otro caballero que no alcanzo a divisar, pero que pelea toda la noche con las enfermeras. Me duele todo, me atiende una doctora jovencita, parece de 20, amorosa y preocupada, me explica que me aplican adrenalina para que mi presión se estabilice. Me cuenta que estuve con una pata en el cajón.
Me despiertan a cada rato, no puedo abstraerme de lo que allí ocurre, siento mucho miedo, parece que la simple operación resultó algo complicada, pero mi organismo reacciona. Comienza a bajar la dosis de adrenalina y de otros tantos medicamentos que me sería inútil tratar de recordar. Las noches pasan lentas, despierto a cada hora, ya me siento mejor, quiero salir de aquel lugar tétrico, no pueden todavía mandarme a mi habitación, tienen que asegurarse que la alergia ya cedió. Paso 2 noches completas y medio día más allí. La última noche, me siento bien, me levanto al lado de mi cama, el kinesiólogo que atiende a los otros pacientes me ayuda, me pide que no haga locuras, que me quede tranquila, que el tiempo pasará rápido y estaré pronto en mi pieza.
El día que me abandonaré esta habitación me vienen a ver mis niños, no los puedo ver, el traslado se demora demasiado. Me da mucha pena, me reconforta saber que los tendré pronto cerca y podré abrazarlos. Mis hijos grandes me pueden visitar en tan maldito lugar, me visita también una gran amigo, de hecho, es el primero que veo cuando abro los ojos después de la operación.
Evoluciono maravillosamente, el jueves en la tarde estoy en mi pieza, nuevamente está mi amigo esperándome, me trae chocolates y The Clinic, amoroso. Además están las amigas de mi mamá, las de siempre, mis segundas mamás. Estoy contenta porque sobreviví. De verdad pensé que no pasaba de esta, por eso creo que iba tan tranquila a pabellón. El viernes me da de alta el doc, está impresionado con mi evolución, no esperaba que me recuperara tan pronto. Está preocupado por mi alergia, me pide, me suplica que me haga el estudio inmunológico para aislar el agente que provoca mis shocks. Lo tranquilizo y le prometo que lo haré, tengo que esperar 6 semanas para poder hacerme los tests. Pero lo haré.
Desde ahora vivire mi vida sin aquellos órganos que cobijaron a mis 4 tesoros.

Mirada a mi misma

Hoy nuevamente he tenido que sentarme a reflexionar. A través de este medio, los blogs, he ido descubriendo cientos de miles de posts, increíblemente redactados con cientos de miles de estilos distintos. Con cientos de miles de temas maravillosos, fotos, música, etc. Esto parece ser un medio, no simplemente para escribir y escribir, como en un diario de vida, he descubierto que mediante esto se puede también echar a volar la imaginación, perderse en la profundidad del conocimiento y de la búsqueda de uno mismo.

Mi motor es el amor. Sin embargo, hoy me lo he cuestionado. He hecho una profunda introspección en mi misma y me he dado cuenta que la riqueza del espíritu está en observar lo que nos rodea y sacar nuestras propias conclusiones o quizás tan sólo contarlas con nuestro particular estilo de ver el mundo.

Cuestionarnos cómo actuamos cada día con nuestro entorno,
es quizás la tarea más difícil de cumplir, cosas con una simplicidad que de tan simple no vemos, se transforma en algo invisible e imperceptible. Preguntarnos qué hacemos para que esta ciudad en la que vivimos no se siga transformando en un basurero, preguntarnos qué le enseñamos a nuestros hijos para que no lo sigan haciendo, preguntarnos si vale la pena seguir engendrando vida ¿para qué? y ¿por qué?, me lleva a otra reflexión, existe algún motivo particular para que estemos en este mundo, como dicen por ahí tendremos alguna "misión" específica en esta tierra. Me declaro atea, muy a conveniencia debo reconocer, últimamente más cercana a lo celestial. Somos seres tan cambiantes, tan evolutivos. Si pensamos en nuestro discurso de hace 20 años, comprobaremos que ha cambiado substancialmente, no sólo en forma, sino muy de fondo.

Cuestionarnos la crianza de nuestro primer hijo, que el pobrecito tuvo que sufrir nuestra inexperiencia, cual chivo expiatorio y compararla con la de nuestro último retoño, notamos que la dosis de aprehensión que tuvimos con él va bajando notoriamente cuando ya llegamos al cuarto.

Eso que pensábamos, que era tan terrible se transforma en no tanto, que las cosas que realmente son importantes descubrimos cual colador, que son las menos. Que tanto luchar por cosas que llegaban tangencialmente a nuestra vida, valieron la pena en el sentido de la experiencia que con ellas adquirimos, sólo eso. La mía me lleva a la misma conclusión de siempre, por más que reflexiono y reflexiono, que las únicas cosas que valen la pena atesorar, cuidar y cultivar son: el amor y la amistad.

(Extraído de mi blog creado el 2005 "Ya no busco, simplemente me pierdo")

La Gotera


Santiago, verano 2006, 32 grados de calor. A pesar del calor, siento una gotera. No sé de donde viene, es un ruido contínuo y molesto.La busco y la busco. Durante el día no se siente tanto por los ruidos propios del día: los autos, las micros, los bocinazos, los perros, etc. Durante la noche, parece un martillo que golpea mi cabeza, me levanto, busco por todo el departamento, nada de nada. Me vuelvo a acostar, pero la desgraciada no me deja dormir, entre que trato de dormir y de no escucharla, sueño...
Sueño con mi papá, lo sueño vivo, siento su voz en el teléfono, lo veo subir la escalera del edificio, delgado, alto, con su cabecita blanca y su tremendo vozarrón. Me dice que fue un error, que él no está muerto, que fue otra la persona que enterramos. Despierto contenta y bañada en sudor, me doy cuenta que fue un sueño, lloro.
Creo saber de donde viene el ruido, tendré que llamar a un gásfiter, le pregunto a mi mamá si la ha escuchado, me dice que no, que estoy loca, que ni siquiera cuando hay diluvio en Santiago tiene goteras el departamento. ¡Qué diablos!
La noche pasa lenta, el teléfono no suena, no hay respuesta de mis mails. La gotera suena más y más fuerte, no hay ningún ruido, salvo el maldito tic, toc, tic, toc. Es mi corazón el que se está desangrando, esa gotera suena en mi corazón...

(Escogida de blog creado el año 2005 "Ya no busco, simplemente me pierdo")

Carta a quienes me sobrevivan


Dejo de respirar, la vida me abandona, la vida me ahoga... Desde esta inspiración que me llega de la oscuridad, los saludo, tranquila. Debo preparar todo para este viaje, no dejar ningún cabo suelto. Empezaré por orden:
- A mi madre, le doy las gracias por haberme querido tanto, haberme soportado a mi y a mi extraña forma de vivir. A ella le lego todas mis poesías, mis palabras íntimas, mi más escondido pensamiento literario, para que las guarde en su baúl de reliquias. Sé que ella discriminará quiénes podrán verlas y quiénes no. Sabrá entregarlas en el momento preciso, a las personas que las requieran. Le dejo en un cofre de madera todas las joyas de mi amor por ella, de mi admiración por su forma de ser madre y abuela, le dejo mi arca sin dinero para que la llene con las lágrimas que derramará cuando me vaya.
- A mi hermana, le agradezco su hombro, su rincón siempre tibio y acogedor que me recogió siempre de mis tantas caídas. A ella le dejo mis secretos más lujuriosos (luzjuriosos), mi vida en libertad, mi vida en-musicada, mi vida de saltamontes. Le dejo mis lágrimas con el corazón destrozado, de mujer en decepción. Le dejo mi muy mala interpretación guitarrística, mi muy poco talentosa forma de cantar, mis suspiros y mi gusto por el vino blanco. Le dejo en una bolsita de terciopelo todo mi amor, para que lo huela cada vez que me extrañe.
- A mis hijos, les pido perdón por no haber sabido mantenerlos a mi lado, por haberlos obligado a valerse por ellos mismos, sin mi regazo tibio para acogerlos todos los días. Les ruego perdón por haberlos hecho sufrir por mis siempre constantes desequilibrios. Les agradezco por ser como son, transparentes, espontáneos, buenos, alegres y querendones. Les dejo la responsabilidad de jamás permitir su separación, jamás permitir la indiferencia y la despreocupación del uno por el otro: les insto a exigir esa condición. Les dejo las pocas enseñanzas que pude darles, los valores sobre los cuales mis cimientos se han asentado, las metáforas del viento y del sol, la contemplanza de la luna y la lluvia. Todo el amor que mi corazón pudo albergar por ellos, que no cabe en este mundo ni en el universo ni en todos los granos de todas las arenas.
- A mi hermano, le doy las gracias por haberme querido a su manera, por haberme ayudado a sobrevivir cuando la gran ola amenazante estaba a punto de hacerme naufragar. Le dejo mi simpleza, que la tome y la use, que se la ponga en los pies y la sienta subir por sus piernas hasta llegar a su corazón, le dejo la paciencia para disfrutar la alegría de los niños que la vida le regaló, le dejo toda la pasión que mi cuerpo pudo vivir para que la derrame sobre su siempre expectante mujer. Le dejo todo mi amor por los animales, para que los acaricie en las noches estrelladas y se acuerde de mi.
- A mi gran amor, le agradezco los segungos, minutos, horas, días, meses y años que soportó mi detestable mal genio, infinitamente le agradezco las horas de caricias, besos y amor que me regaló con tanta inocencia. Valoro la mirada enamorada que me brindó en nuestro tiempo juntos, el gesto sincero de soporte incondicional. A él le dejo todas las fotos que tengo almacenadas en mi alma, todos los pedacitos de rocas que duermen en mis zapatos, las pisadas que dejé esparcidas por Valparaíso cuando bajábamos algún cerro tomados de la mano. Las puestas de sol con las gigantescas grúas de telón de fondo, abrazados suspirando, son para él. El suave vaivén del movimiento del tren camino a Quilpué, dejando el mar a nuestras espaldas, esa huella que dejé en el asiento junto a la ventana, le pertenece. En la cajita forrada con arpillera quedan todas las lágrimas, letras, sudores, cansancios, riñas, reconciliaciones, risas, desvelos, desapegos para que las use cuando no soporte mi ausencia. Debajo de la almohada, le dejo todos los besos y caricias que nos faltan desde ahora y hasta el día de su muerte.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Tarde familiar

El sábado pasado fue un día lindo. Hacía mucho, pero mucho tiempo que no compartía con mi hermano y su familia, tan cercanamente como ese día. Habíamos quedado de acuerdo en hacer algo en su casa después de las fiestas. Éramos: mi mamá, tres de mis cuatro hijos, mi amorcito y yo.

Nos pasó a buscar alrededor de las 14:00 hrs. en su corcel plateado que vuela como un avión. Llegamos a la localidad de Lonquén, en las afueras de Santiago. Se nota el aire distinto, sólo en la primera cuadra (de campo) te salen a saludar los pajaritos y algunos animales al camino, por cierto, demasiado angosto. Llegando a su parcela, nos salieron a recibir 11 perros, 8 cachorros, un labrador y dos pastores alemanes de proporciones, amedrentan sólo con su presencia, pero amigables y simpáticos con los que entran con su amo.
Nos esperaba un delicioso plato de pollo asado con puré, ensalada de apio con palta, lechuga y porotos negros con cebollita, estaba todo delicioso. De postre un rico helado San Francisco y el tradicional cafecito o agüita para bajar todo lo anterior.
Fue un almuerzo tranquilo, conversado, reído, necesitaba ver a mi hermano tan feliz como lo vi en su casa. Mis dos sobrinos se portaron a la altura de la situación. Incluso mi sobrino chico me sacó a dar una vuelta en su moto de 4 ruedas por el condominio. ¡¡Qué lugar más bonito!! Nos contó que esa casa la arriendan, en espera de la compra de la definitiva, mucho más grande, sólida y linda. Fuimos a conocerla, la verdad es que es bellísima, me imagino a mi hermano viviendo allí, en su salsa, con un terreno precioso y grande para poder tener todos sus hobbies, que por lo demás los necesita, es necesario que se saque el tremendo stress que acarrea, con tanto trabajo, de alguna forma.
Me alegré de ver a mi hermano en paz con su familia, a mi mamá feliz por estar con su hijito, a mis hijos compartiendo tranquilamente con sus primos.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Nutrición literaria

En esta época, todo el mundo se empieza a preocupar de la apariencia física, de los rollitos que no queremos que se nos vean, etc. Todo un tema nutricional complejo. Me pregunto ¿alguna vez alguien se ha preocupado de la nutrición literaria? ¿Alguien alguna vez ha intentado hacer una tabla con el aporte calórico de cada letra, verso o estrofa? ¿Alguna persona habrá quizás indicado de qué fuente nutricional de las letras se podrá sacar la vitamina de la creación, el carbohidrato de la pluma o las proteínas del papel (en este caso PC o notebook)?
Creo que no estudiaré trabajo social el próximo año, me dedicaré a estudiar nutrición literaria. Es necesario tener fuentes que nos ayuden a buscar el equilibrio que alimenta el alma, el espíritu.

lunes, 25 de agosto de 2008

Aquellas pequeñas cosas...

Hoy amanecí contenta, no sé por qué. A pesar de los muchos inconvenientes que aún persisten. Este grato estado me hace pensar en lo afortunada que soy, no puedo dejar de valorar la buena vida que llevo.

Uno puede ser tan feliz con cosas tan insignificantes: cuando estás que te haces y puedes ir al baño, cuando no tienes un cinco y te llega platita del cielo, unas pocas lucas que te hacen ser feliz, cuanto tu hijo te dice "te amo mamita", cuando un trabajo te sale bien y te felicitan, cuando tu mamá se siente orgullosa de ti, cuando haces el amor con amor, cuando te das cuenta que se oscurece más tarde, cuando ves los arbolitos comenzando a florecer, cuando te regalan un alfajor de chocolate blanco, cuando todos en la oficina salen y te quedas solita...

viernes, 22 de agosto de 2008

Dejó una Stella de sabiduría en mi vida...

La conocí en el año 1993, en realidad, conocí primero a su hijo, Rodrigo. Ocurrió a mediados del mismo año en el que me separé. Luego de un tortuoso trance posterior a la separación, decidí dejar la casa que nos había cobijado por tantos años, cortar el lazo que me unía a ese hombre, al que amé como una loca. En ese tratar de rehacerme, encontré un departamento chiquito, cerca de la casa de mis padres, lo que era muy conveniente, principalmente para recurrir al siempre acogedor abrazo paterno, en esos momentos de penas profundas.

No llevaba ni dos días acomodada allí, cuando una noche golpearon a mi puerta, era Rodrigo, un hombre de unos 40 años, muy alto, con facha de intelectual, apuesto, quien con una gran sonrisa me dio la bienvenida y me ofreció caballerosamente su ayuda en lo que necesitáramos, porque había advertido que me encontraba sola, con dos niños pequeños. Agradecí muy sorprendida y a la vez bastante desconfiada. No quería a ningún hombre metido en mi casa, sólo quería estar con mis hijos, vivirlos, consolarlos, acogerlos y amarlos. Pero poco a poco Rodrigo se fue acercando, sin invadir mis espacios y sin presionarme. Nos hicimos amigos inseparables, él también tenía dos hijos en esa época, dos niños bellos y amorosos, que se hicieron amigos de mis bellos y amorosos hijos. Pasaba todos los días a verme después de su trabajo, me ayudaba a hacer hoyos en los muros, a colgar repisas, instalar muebles, en fin, todo aquello para lo que las mujeres no estamos hechas. Luego del arduo trabajo, nos conversábamos un merecido cafecito con galletas.

De a poco comenzamos a interiorizarnos de nuestras vidas, me contó las razones por las que vivía con sus hijos, que además, vivía en la casa de su madre, mi vecina de la puerta del lado, STELLA DÍAZ VARÍN, no podía creer lo que me decía, estaba frente al hijo de una de las escritoras que más había admirado en mi vida.

Solapadamente, le conté que escribía, que tenía algunas poesías y algunos cuentos cortos y que no sabía si tenían algún valor. Después de esa conversación, a los pocos días a la misma hora que llegaba él a saludarme, sonó como siempre el timbre, abrí la puerta y, sorpresa, en vez de encontrar a Rodrigo allí, encontré a una mujer alta, afirmada con un brazo de la pared y con el otro en la cintura, me miró con sus ojos claros, se arregló la chasquilla y con una voz ronca y profunda, me dijo “soy tu vecina” y en ese momento caí en la cuenta de que estaba nada más y nada menos que frente a frente a la mismísima DOÑA Stella Díaz Varín, con una gran sonrisa, tapada por su mano, igualita a la de su hijo, continuó: “Estimada, me contaron por allí que osas decir que escribes poesía, quiero ver eso, no vaya a ser cosa que me salga gente al camino”. Desde ese día, Stella no dejó de ir ni un solo día a mi casa, me estimuló, me criticó, me aplaudió, me consoló… Nos hicimos amigas entrañables, la adoré y la odié.

No puedo dejar de decir que su hijo me inquietaba, comenzaba a gustarme, pero ese día que conocí a Stella, aparte de fumar, reírnos, cuchichear, filosofar y mil cosas más, me advirtió que lo único que no podía hacer, era tocar a su hijo, que si ella sabía que estábamos juntos, hasta ahí llegaría nuestra amistad. La preocupación más grande de su vida eran sus nietos, no quería por ningún motivo que los niños sufrieran. La verdad es que no la entendí mucho en ese momento, pero después de conocerla como la conocí, la entendí e hice caso de su consejo.

Si ya admiraba a esta mujer, conocerla no fue sino ratificar esta admiración, me guió como una madre que ayuda a caminar a su pequeño hijito, me ofreció su mano para apoyarme y no caer. Fue ella quien me dijo que mis palabras transmitían algo, que mis metáforas eran bellas, creativas y sentidas, que la poesía era 99% de transpiración y 1% de inspiración. Que no me dejara aplastar por la estitiquez mental, que luego de una gran verborrea, era natural que me sucediera lo contrario. Me enseñó a tener paciencia con mi cerebro, a tomarle el pulso a la creación, a no dejarme influir por nadie, que sólo permitiera correcciones de forma, no de fondo. Que me dedicara el mayor tiempo posible a pensar y a crear, que la sensibilidad y el talento existían, que había que pulirlos y entrenarlos.

Me dio consejos para mantener la piel joven y bonita, ella podía dar cátedra en ese tema: “Niña jamás te estires demasiado la piel de la cara, eso evitará que te salgan arrugas”. Ella era una mujer bella, en su juventud se dedicaba a romper corazones, aún a la edad que la conocí seguía siendo bella, tenía una estampa “de gente”, como decía mi madre, que hablaba de sus días de riqueza en La Serena. Nunca me dejó entrar más allá del pasillo a su departamento. Yo intuí que algo había pasado con Stella con los años, había un motivo de peso para no mostrar una sonrisa amplia y siempre taparse la boca con la mano, había un motivo de peso para no mostrarme sus cosas, ella llevaba sus escritos a mi casa, ahí ella se explayaba, me educaba y era un poquito más feliz. Como todos deben suponer, los escritores, a no ser que sean extremadamente famosos, tienen pensiones miserables, que apenas alcanzan para vivir, Stella no era la excepción, a pesar de eso, se las arreglaba para regalarme un plato de caldillo de congrio cada vez que lo preparaba, y que le quedaba maravilloso.

Fue invitada a Cuba, estaba tan contenta y entusiasmada con el viaje, porque por lo demás era para premiarla y editar un libro de poesías, se dedicó todo el tiempo de los preparativos para el viaje, a juntar cosas para llevarle a los cubanos pobres, papel higiénico, té, servilletas, cosas raras, que uno jamás regalaría, pero que para ella eran tesoros, contribuí también con eso, me contagió su espíritu optimista, estaba tan emocionada como ella con esta aventura. Al regreso de este viaje, llegó feliz con su librito de poesías, en un papel celeste, como un folleto, pero hermoso, el que ella valoró enormemente, por los pocos recursos con los que contaban.

Luego de 3 años de amistad diaria, me fui de ese departamento a vivir al hogar que había dejado antes y por desgracia perdimos el contacto, la misma vorágine con la que vivimos diariamente, nos impidió seguir siendo amigas, algunas veces nos topamos en el supermercado de la villa donde vivía, nos saludábamos cariñosamente y conversábamos un rato, no supe que estaba tan enferma, probablemente si hubiera sabido habría realizado esfuerzos para retomar nuestra relación.

Con estas líneas, quiero dar testimonio de la gran mujer que fue Stella, alegre, aún sin tener a simple vista razones para serlo, enojona, vehemente, esforzada, cariñosa, generosa y por sobre todas las cosas sabia, profundamente sabia. De lo privilegiada que he sido por haber recibido sus consejos, haber compartido un caldillo de congrio y un vaso de vino...


miércoles, 20 de agosto de 2008

Valparaíso

Si me hubieran preguntado hace algunos años, mi opinión acerca de Valparaíso, hubiera dicho: "horrible, pobre, feo, sucio". Sólo Viña del Mar era hermosa para mi. ¡Cómo nos vamos sacando los velos de los ojos a medida que nos hacemos más viejos!, cómo los prejuicios se apoderan de nosotros, a veces, sin siquiera saber o conocer de lo que nos están hablando.

Me tomó la mano, sacó $280 para cada uno y me subió a un trolley, esos antiguos buses con "suspensores", con piso de madera, ¡¡nostaaaalgicos!!, algo venidos a menos ahora, pero simbólicos, que aún corren, casi nadie se sube a ellos, hay metro, miles de recorridos de micros, hay miles de medios para recorrer la ciudad, te hacen ver la belleza de lo que no se alcanza apreciar a la distancia.

Con ojos críticos y sin muchas ganas, con la idea de ir pronto a Viña, me subí a uno de esos, luego a una micro chica que volaba, recorrí sus cerros de la mano de un conocedor profundo del puerto, me mostró unas callecitas estrechas, de esas que tú no sabes si cabe o no un auto, pero no importa, porque la gracia es precisamente esa, preguntarte cómo lograron dibujar una arquitectura, un paisajismo tan complejo, tan bello, donde más encima vive gente.

Luego de subir por uno de esos míticos ascensores, el Turri, donde te da la impresión de que en cualquier momento te caes y ver por sus ventanitas la maravilla del cerro combinado con el mar, me fui sorprendiendo más a cada paso que dábamos. Llegando al Cerro Concepción, cercano al Alegre (mucho más célebre) me invitó a conocer el lugar dondo había vivido gran parte de su infancia, cerca del Paseo Atkinson, rodeado por casas inmensas y preciosamente mantenidas, con flores, pintadas con unos colores que jamás te imaginarías, luego de un recodo, aparece majestuosa aquella casa, que él veía gigante en su niñez, no tan grande ya, pero igualmente invocadora de aquellos años. Mi boca sigue abierta, al lado de esta casa hay ahora una tienda de ropa fina, tejida con lana de verdad, a mano, los precios son inalcanzables, pero la entrada a ese lugar no fue para comprar algo, sino para mostarme cómo era su casa, pues esta casa es idéntica a la que fue suya. Retrocedí en el tiempo, me lo imaginé chico, flaquito, andando en bici por aquel pasaje, corriendo por los pasillos de su casa, hermosa, con techos altísimos. De verdad hermoso.

Hemos vuelto a ir, muchas veces más, incluso pasamos el año nuevo del 2007 en la terraza de la oficina de su papá frente al muelle Prat, inolvidable, inexplicable, enmudecedor. Cada vez me muestra algo nuevo y tan sorprendente como los anteriores paseos, de noche Valparaíso es mágico, desde el tren puedes ver las luces de los cerros y soñar. Es romántico, acogedor, un poco peligroso en algunas partes, por eso mismo, nunca vayas sin compañía, menos aún si no lo conoces, pero de que tienes que ir, ¡¡TIENES QUE IR!!

miércoles, 13 de agosto de 2008

El Flaco

Hace algunas semanas, casi llegando a mi trabajo, vi un perrito, muy famélico, tratando de cruzar una calle atestada de vehículos, todos locos por ir más rápido, los que ovbiamente ni siquiera notaban la presencia de este animalito. Tenía una patita lesionada, por lo que sólo se sostenía con 3 y en un estado de patente deterioro físico. Pensé... en otra época lo hubiera adoptado (cuando era chica llevaba a mi casa a cuanto perro perdido se me cruzaba por delante), qué lástima no poder hacer nada, me sentí muy miserable.

A los pocos días lo volví a ver, cojeando aún, pero un poco menos flaco, acostado junto a la reja de una casa, cuidándola, curiosamente, justo frente al ventanal de mi oficina. A medida que han pasado los días, lo he estado observando, ya no cojea tanto, me mueve su colita, se acerca a la reja que nos separa y me mira con esos ojitos con los que sólo esa clase de criatura miran.
Poco a poco ha ido sacando cuerpo, también contribuyo a su desarrollo, regalándole algún alimento de vez en cuando, lo que agradece tiernamente. Se ha convertido en el guardián del pasaje, se pasea de una casa a otra, sigue a quien ose entrar al pasaje, lo olfatea y, dependiendo de qué persona sea, le mueve la cola o le ladra, corretea perros extraños. A diario se le puede ver retozando en el pasto, rascándose la espaldita o jugando con un trozo de frazada que le sirve de cama. "Flaco" lo llama la señora de la casa del frente.

Fin de semana largo

Estamos a horas de comenzar un fin de semana largo, con lluvia pronosticada y mucho frío por venir. Otro fin de semana largo que pasaré sólo con mis hijos, nuevamente quedaré a solas con mis pensamientos, extrañando el calor de ese cuerpo, por ahora, mío. Me pregunto si lo extrañaré de verdad, si disfrutaré más de lo que sufriré. Tengo un par de panoramas para estos días, pero me está embargando la duda.
Tengo una sensación extraña, no quiero que parta solo, quiero ir con él. ¿Podrá enfriarse esta relación con la lluvia de estos días o, al igual que las velas de la foto, permanecerá candente a pesar del agua y del frío?. No lo sé. Estoy en un estado dudativo que no me hace bien. Por otro lado, tampoco tengo los medios como para decidir largar y punto, el dinero se hace agua paradógicamente, como la lluvia.
Presiento que miraré por la ventana como cae la lluvia, trataré de evocar los momentos de cercanía y caricias, lo invocaré fuertemente, quizás la telepatía existe y logro abrir ese canal de comunicación para tenerlo más cerca. Desde enero que no lo acompaño, extraño las tardes de tertulia que se armaban en esa casa, la relación que tengo con su hijita, con sus hermanas, con sus padres y su hermano. Me gustaría partir con mis hijos, de sorpresa, llegar de repente... pero es sólo una ilusión que no podrá ser realizada. Tampoco puedo ser tan egoísta de contarle lo que siento, es el fin de semana que le corresponde ver a su única hija, es su tiempo con ella, yo no puedo interferir y hacerlo sentir triste. Para eso tengo este blog, donde puedo escribir todo lo que quiera y ustedes son la vasija que recoge todo esto.


Falsedades

Tenderíamos a pensar que oriente, por su milenaria cultura, debiera tener superado el tema de la belleza física, de la superficialidad que aqueja desde siempre a occidente. Siendo una civilización tan espiritual, con tantos arraigos cabalísticos, supersticiosos y religiosos, con tanta rigidez en su estructura, en la enseñanza de sus hijos, en la defensa de su idiosincrasia. Es difícil entender lo sucedido la noche inaugural de las Olimpíadas, por un lado el tema de la guerra, del que ya realicé mi desahogo algunos posts atrás, y por otro este fraude. ¿Entenderá Yang Peiyi, "la fea", a sus poquitos 7 años, por qué su cara no era la apropiada para estar sobre el escenario?. Se mirará en el espejo y se preguntará qué problema puede provocar en las personas el que le estén saliendo sus dientes y que probablemente no estén tan derechos como los de Lin Miaoke. Por lo demás esta etapa en los niños es normal y bastante graciosa, pero que no altera para nada el timbre de voz, la entonación, la afinación, la dulzura de su canto o la gracia de sus movimientos.
¿Será que da lo mismo el sentir de esta niñita con voz de ángel?. Es probable que este hecho aún no afecte su corazón, su alma, pero tarde o temprano dejará un hueco enorme en su autoestima, cuando crezca y se de cuenta de la verdadera razón de la suplantación.

Mirando desde el otro lado, ¿qué mensaje estará elaborando Lin Miaoke en su interior? ¿Serán los valores de altruismo y humildad los que se arraigarán en su camino a la adultez? ¿Habrá entendido por qué no fue su voz la que salió por los parlantes? ¿Conocerá a Yang? ¿Será su belleza física la que cobrará mayor importancia en su vida?

Sigo protestando desde el vientre.

martes, 12 de agosto de 2008

Olimpíadas de deportes versus Olimpíadas de la muerte

El viernes 8 de agosto, mientras en Beijing, a pocas horas de su inicio, se realizaban los últimos preparativos para la gran fiesta de inauguración de las Olimpíadas, Georgia preparaba un ataque aéreo, con misiles contra la ciudad de Tsjinvali, en Osetia.

Contrastando con este hecho atroz, en China, a pocas horas de ocurrido esto, todo era expectación y felicidad, ese glamoroso día viernes 08-08-08, a las 20:08 hrs, durante 88 minutos, comenzaría el tan preparado y ansiado show, mientras en Tsjinvali, a la hora de almuerzo ya llegaban los primeros impactos, a su vez, Rusia al enterarse de este ataque arremetió contra los primeros atacantes, provocando lo que todos ya sabemos. Comenzaba una nueva guerra, otra incomprensible decisión de algunos hombres, otra vez tendremos que llorar la muerte de niños, abuelas, madres, padres, niñas, abuelos, mujeres. Seguramente, se reclutarán a jóvenes para que defiendan, no sus vidas, sino los intereses de unos cuantos.

Seguramente, de nuevo tendremos que soportar la presencia del gran defensor de las guerras, del procurador eterno de los conflictos del mundo, del gran dueño del mundo, al que no voy a nombrar por temor a que provoque una acción bélica en este pacífico sitio.

Las naciones unidas no pudieron detener este aberrante hecho porque "no estaban todos su miembros de acuerdo". No puedo entender en qué cabeza puede estar siempre la semilla del enfrentamiento, la poca capacidad para negociar y tratar de llegar a algún acuerdo, aunque sea medianamente satisfactorio para todos, no entiendo como hay personas que no tengan ni el más mínimo aprecio por la vida, pero por sobre todas las cosas, por la vida de los inocentes, de los que no quieren morir porque no han empezado todavía a caminar, de mujeres que no podrán entender por qué sus compañeros ya no están más a su lado, o las casas que habían construido con esfuerzo y amor, están en el suelo, convertidas en escombros o en cenizas.

Esto es una protesta que viene desde el centro de mi vientre, incontenible.

lunes, 11 de agosto de 2008

Chaitén

Hoy amaneciste oscura,
bajo un manto cenicieto incierto,
ruidos amenazantes te movían.
El río que te lavó la cara,
que te limpió el cuerpo,
ese que fue orgullo,
hoy se te vuelve agresivo,
destructor, avasallador, demoledor.

Chaitén, te duermes bajo un manto de lava.
Chaitén, te inunda la ceniza ardiente.
Chaitén, pueblo acogedor hoy muere.
Chaitén, no te quieras alzar indolente.
Chaitén, no provoques la furia de ese monte.
Chaitén, tu historia fue.

Chaitén, renace de las cenizas calientes,
en otra tierra generosa, lejos de los rugidos,
donde tu gente duerma nuevamente en paz.

Amor de madre

El fin de semana estuve ordenando miles de papeles amarillos, con ese impregnante olor a guardado, fotos lindas, negativos, etc... y aparecieron cosas muy, pero muy antiguas: escritos en una de esas arcaicas máquinas mecánicas de escribir, en las que no podías equivocarte, en las que cada error era fatal. Mi corazón dio un salto, no me acordaba de lo antiguas que son mis palabras, de lo antiguos que son mis sentires y mis versos. Luego de leerlos, volver a sentir el nacimiento de mi primera hija, la llegada de su menarquia, la separación que más me costó asumir y reflexionar sobre la juventud que me invadía en esos momentos, lo niña que era, decidí mostrárselos a mi mamá. No dijo nada, se quedó muda, me miró por sobre la hoja y sólo una lágrima leve salió del costado de sus ojos, tímidamente. Me preguntó por el autor de esas hojas amarillas, se mostró incrédula al saber que eran originales, escritos por la que tenía al frente hacía más de 25 años. Sorpresivamente, los tomó y se los guardó. Pensé que quería leerlos con más calma, pero no, los escondió y me pidió que no se los mostrara a nadie, porque eran muy valiosos, me ordenó que recopilara todo lo que había escrito, me rogó que no publicara nada en internet (porque alguien me los podía robar) y que ella se encargaría de hacer un libro y publicarlos.
Luego de ese acto maravilloso de amor, no pude más que sonreir y agradecerle infinitamente por valorar de esa manera este gusto por escribir que me acompaña desde muy antiguo y que a ratos se esconde, luego aparece y nuevamente se esconde, si encuentra alguna clase de oposición, simplemente se duerme, pero luego aparece con más fuerza y cada vez menos tímidez.
Luego de este bello acto de fe y valoración filial, he decidido escucharla, por eso retiraré los poemas que están en este blog, hasta nuevo aviso, no vaya a ser cosa que tenga razón y estén frente al próximo premio nacional...